Los cambios de humor que forman parte del funcionamiento emocional habitual duran horas o días y guardan una relación comprensible con lo que ocurre en el entorno. En el TLP, la oscilación emocional es más intensa, más rápida y con frecuencia se activa ante estímulos interpersonales muy específicos, como la percepción de rechazo. Solo un profesional de la salud mental puede valorar la diferencia con rigor.